¿ME INTERESA EL CRITERIO DE CAJA?

¿ME INTERESA EL CRITERIO DE CAJA?

 

aplicar criterio de caja

 El denominado criterio de caja fue aprobado por la Ley 14/2013, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización, desarrollándose a través del RD 828/2013, por el que se modifica, entre otros reglamentos, el Reglamento del Impuesto sobre el Valor Añadido

Esta esperada norma, debería haber supuesto para muchos empresarios y profesionales, una medida que introdujera criterios de cierta coherencia y racionalidad en la exigibilidad del IVA repercutido para el emisor de la factura en los casos de impago de la misma.

Ante la injusta situación propiciada por la norma anteriormente en vigor, que tan solo preveía un complejo régimen de modificación de la base imponible, la nueva norma pretende ofrecer al empresario o profesional una alternativa consistente en no declarar sus operaciones en las correspondientes autoliquidaciones, hasta el momento en el que los importes facturados hayan sido totalmente cobrados por el emisor.

 Hasta aquí las intenciones del legislador parecían del todo loables.

 Sin embargo, la norma  en la que se plasmó este nuevo criterio de caja, ha venido siendo objeto de duras críticas desde su entrada en vigor.

 ¿Cuáles son los problemas prácticos que se derivan del nuevo criterio de caja?

1

En primer lugar,  la aplicación de este régimen queda limitada a aquellos sujetos pasivos (empresarios o profesionales) cuyo volumen de operaciones en el año inmediato anterior no sea superior a 2.000.000 de euros. Tampoco podrán acogerse a este criterio aquellos sujetos pasivos cuyos cobros en efectivo respecto de un mismo destinatario durante el año natural superen la cifra de 100.000 euros.

2 El nuevo régimen  no exime completamente al empresario emisor de la factura de su obligación de declarar el IVA no percibido de su cliente. Lo que hace la norma es diferir el devengo del impuesto, y por tanto la obligación de declarar, al momento del cobro o, en caso de persistir el impago, al 31 de diciembre del año inmediato posterior a la fecha de realización de la operación.

De esta forma, si un empresario realiza una operación el 1 de diciembre de 2014, pagadera a tres meses y no cobra la misma  en el plazo estipulado, deberá igualmente declarar el impuesto en un periodo posterior, que se concreta en el  cuarto trimestre del año 2015, puesto que se trata del periodo que comprende el día 31 de diciembre. Llegada esta fecha el empresario, en principio, deberá incluir la factura en la declaración correspondiente al trimestre, salvo que decida acogerse a la modificación de la base imponible prevista  en los artículos 80.3  de la ley del IVA (supuesto de declaración posterior de concurso del empresario destinatario de la factura)    o del 80.4  (que requiere demanda judicial o requerimiento notarial de pago al cliente).

Por lo tanto, el nuevo régimen no termina de solucionar la problemática del empresario emisor de la  factura, sino que lo traslada a un periodo posterior.

3Otra dificultad práctica que  plantea la aplicación de este régimen, es la que afecta a las deducciones del IVA soportado  por parte del empresario o profesional que decida acogerse al mismo.  El régimen no solo afecta a las facturas emitidas por este sujeto pasivo que decide aplicarlo, sino que también se extiende al IVA soportado en sus facturas recibidas, que no podrá ser objeto deducción en tanto no se haya abonado al cliente. Igualmente en este caso se establece que se podrá deducir este IVA soportado, aún no habiendo sido abonado, llegado el 31 de diciembre del año inmediato posterior a la fecha de realización de la operación.  Lo anterior obliga a acreditar  ante la Agencia Tributaria, no ya la existencia de la factura que recoja la operación realizada, sino el documento de pago correspondiente, cuya aportación no siempre será sencilla.

4 El acogimiento por parte del empresario o profesional emisor de la factura al nuevo criterio de caja no sólo le afecta a él, puesto que, al mismo tiempo, el destinatario de la factura tampoco podrá deducir el IVA soportado en la misma, en tanto la misma sea satisfecha. Dicho de otro modo, el empresario que decida acogerse al criterio de caja deberá advertir a sus clientes de esta circunstancia, obligando a estos a “acogerse” indirectamente a dicho régimen. Obviamente, ante esta circunstancia, no serán pocos los clientes que opten por desviar sus pedidos a aquellos proveedores cuyo régimen tributario no distorsione sus declaraciones fiscales

5 A modo de conclusión, aunque en general el nuevo criterio de caja favorece al sujeto pasivo en la medida en que le permite diferir el pago del IVA a la Hacienda Pública, no termina de solucionar la problemática de la exigencia del IVA ante el impago de facturas.

Por otro lado,  el nuevo régimen plantea dificultades prácticas al afectar a terceros, quienes ante esta situación pueden optar por no contratar con el empresario acogido a este criterio.

Además, la circunstancia de que el IVA soportado no puede ser objeto de deducción hasta el pago de la factura,puede provocar  que la aplicación de este régimen llegue a resultar desfavorable, en aquellos casos en que  el retraso de los pagos a proveedores sea superior al retraso del cobro a clientes.

Por último conviene recordar que la aplicación de este régimen supondrá un nuevo coste de gestión para la empresa en la medida en que deba adaptar sus herramientas contables a los nuevos criterios, además de tener que formar al personal contable de la empresa en  estas nuevas herramientas de gestión.

 
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